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Vivimos en un mundo, donde los ávaros se llenan los bolsillos impunemente, a costa de los demás, que son capaces de abonar cantidades ingentes de dinero por acudir y disfrutar de un espectáculo determinado.

Está claro (dirán los más puristas) que la ley de la oferta y la demanda rige sobre cualquier otro principio y que lo que para unos es considerado precio abusivo, para otros se trata de un precio justo.

No es normal que en un mundo tan globalizado como el que vivimos, unos señores que dirigen los designios de un club, pongan las entradas de acceso al recinto deportivo al nada desdeñable precio de 30 euros, en nada más y nada menos que en la tercera categoría del futbol español, en un campo (Permítanme la licencia) que se parece más a un futbolín por las dimensiones del terreno que a un estadio. 4.000 son las localidades para el encuentro que se disputara el próximo sábado, en la Murcia profunda y más de 700 reservadas a los herculanos que desean apoyar a su equipo.

Me da que el seguidor, como cierto anuncio de publicidad de unos grandes almacenes de electrodomésticos, no acudirá y participará en dicha infamia: «Porqué yo no soy tonto».

A mí que no me esperen. Esa cantidad para ver un sucedáneo de un deporte llamado fútbol por las dimensiones del campo, me parece indigno y una falta de respeto no solo al aficionado en sí, sino también a la economía.

Solo me queda demandar a los dirigentes alicantinos, altura de miras y que, a la vuelta, se produzca el efecto boomerang y ojalá se estén jugando la vida, así sabrán lo que es pasar por caja.

Es tal la ignominia, que el 90% de los equipos del grupo I han llegado a un acuerdo para las entradas visitantes a un precio (normal hoy en dia) de 15 euros, algo que en el grupo 2 es impensable.

¿Cómo puede ser esto? Fácil respuesta, las dos Españas, la formal, la de la camaradería y el saber estar y por otro lado, la de la usura, la piratería y el atraco.

Por esos precios en otros países pueden ver partidos de la liga de campeones.

¿Aquí? Ni en 100 años.

 Y mientras tanto seguimos preguntándonos si el fútbol es realmente del pueblo.

Que se lo pregunten a los dirigentes del Águilas FC.

Porque, al final, los perjudicados siempre son los mismos: los espectadores, los aficionados y quienes hacen posible que este deporte siga siendo lo que es.