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Sin aconsejar a nadie lo que debe o tiene que hacer, empiezo a estar cansado de las RRSS, de las sentencias precipitadas y de las opiniones de medio pelo, de supuestos aficionados al Hércules de Alicante, que lo ven todo excesivamente negro.

Me cansa y me hastía el tener que leer juicios de valor, en el que tras un partido, si, un solo partido, todo está mal, horrible, lúgubre… es el infierno.

Hemos perdido el clásico del sureste, si. Hemos perdido tres puntos, ante el rival por antonomasia junto al Elche. Que fastidia pues obviamente, Si, pero debemos mirar más allá y tener claro que esto es muy, muy largo, ni se sube en agosto, ni tampoco se desciende. Esto no es el apocalipsis futbolístico. Hay 37 jornadas para enmendar la plana, tiempo hay mas que de sobra. La plantilla es buena, hay jugadores de calidad, hay un sistema definido y también hay un objetivo. Pues luchemos todos por él y demos nuestro apoyo, de momento, a jugadores y cuerpo técnico y no empecemos a pegarle fuego a la hoguera antes de tiempo.

Vaya por delante, que entiendo que el seguidor acérrimo y el socio del Hércules está mas que cansado de llevar en el pozo camino de dos décadas y eso produce enfado y mala leche a raudales, pero hay que tener paciencia, esto no ha hecho más que empezar.

Cuando haya que dar palos, desde esta humilde cuenta se darán. No tengo ningún problema en hacerlo. Si el equipo juega mal, se dirá. Si hay decisiones incomprensibles, se señalarán. Si el rendimiento no está a la altura, se criticará.

Pero una cosa es criticar cuando toca y otra vivir permanentemente instalados en el desastre.

Porque ese es el problema.

Ese ambiente blanquiazul en el que parece que cualquier derrota confirma todas las desgracias acumuladas durante los últimos veinte años. Ese ambiente en el que una mala tarde se convierte inmediatamente en una crisis. Ese ambiente en el que se juzga una temporada entera por un resultado.

Como decía Johan Cruyff: «La culpa es del entorno».

Y no le faltaba razón.

Un entorno que genera pesimismo constante, presión desmedida y desestabilización termina afectando a todo el mundo: jugadores, entrenadores, club y aficionados.

¿De verdad queremos volver a recorrer ese camino?

¿De verdad queremos que cada domingo sea un juicio final?

¿De verdad vamos a convertir cada derrota en una razón para tirar todo por la borda?

Yo no.

Y tampoco pienso contribuir a ello.

El Hércules necesita crítica cuando sea necesaria, pero necesita todavía más unidad, paciencia y apoyo. Necesita que jugadores y cuerpo técnico sepan que, aunque se les va a exigir, no se les va a crucificar después de cada tropiezo.

Porque queda muchísimo.

Muchísimo.

Ahora toca mirar hacia delante.

El clásico ya pasó. Los tres puntos ya se fueron. Lamentarse no los va a devolver.

El próximo objetivo tiene nombre y fecha: At. Madrileño.

Y desde hoy, toda la energía debería estar puesta ahí.

A preparar el partido. A competir. A ganar.

Tres puntos. Y nada más.

Después vendrá el siguiente.

Y después otro.

Porque una temporada no se construye en un día.

Paso a paso. Partido a partido.

Y si al final del camino hay que exigir responsabilidades, se exigirán.

Pero hoy, después de un solo partido, no pienso subirme al carro del desastre.

Ni pienso alimentar un entorno tóxico que, demasiadas veces, ha terminado jugando contra nosotros mismos.

Ahora toca remar.

Ahora toca creer.

Ahora toca Hércules.