Vallecas-RicoPerez

Una vez finalizado el Mundial de fútbol y ante las carencias del balompié patrio —únicamente regado por multitud de amistosos y torneos veraniegos—, me dió por indagar los motivos por los que la Comunidad de Madrid había extinguido y suspendido cautelarmente la concesión administrativa del estadio de Vallecas al Rayo Vallecano.
El motivo: asumir el control del recinto y acometer obras urgentes de reparación.
En el informe elaborado por los técnicos que han realizado un examen minucioso del estadio se han detectado, entre otras, las siguientes irregularidades: Carencias en el funcionamiento de la protección contra incendios, deficiencias en las instalaciones eléctricas, problemas en las condiciones higiénico-sanitarias y un mantenimiento general manifiestamente mejorable.
Todo ello ha llevado a considerar necesaria la recuperación, por parte de la Administración, del ejercicio efectivo de sus facultades de control, inspección y actuación sobre un bien de dominio público, dada la entidad de los riesgos detectados.
Tras conocer los distintos defectos señalados en la auditoría, quedé atónito, perplejo y estupefacto. Y es que, mientras analizaba punto por punto las deficiencias, desconocía si estaba leyendo el informe del estadio de Vallecas o el del estadio José Rico Pérez.


Primos hermanos.
La decisión de la Comunidad de Madrid, tan cuestionada por los dirigentes del equipo madrileño, tiene, sin embargo, una finalidad evidente: garantizar la seguridad y el bienestar de su masa social, socios y espectadores, que podrán disfrutar de un estadio en condiciones.
Eso sí, para conseguirlo tendrán que «transitar por un desierto», llámese Butarque, en Leganés, o El Plantío, en Burgos, antes de poder regresar a la tierra prometida.
Y aquí es donde, inevitablemente, uno mira hacia Alicante.
No me queda otra que lanzar una advertencia al propietario del estadio José Rico Pérez, el Instituto Valenciano de Finanzas (IVF) de la Generalitat Valenciana: Deberían tomar buena nota de lo ocurrido en Vallecas y hacer lo mismo antes de que sea demasiado tarde.
El Rico Pérez necesita atención. Necesita mantenimiento y necesita obras que permitan garantizar que quienes acuden al estadio puedan hacerlo en unas condiciones adecuadas de seguridad y dignidad.
No esperemos a que ocurra algo para empezar a actuar.
Mañana ya será tarde.
Porque, como dice el refrán:
Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar.