Villarreal y Hércules: lo que separa construir de prometer
A finales de los años noventa, dos empresarios del Levante español tomaron el control de sendos clubes de fútbol en situación precaria. Fernando Roig llegó al Villarreal CF en mayo de 1997; Enrique Ortiz hizo lo propio con el Hércules de Alicante en diciembre de 1999. Los dos clubes partían de Segunda División y Segunda B respectivamente, y en el caso del Hércules rozando al desaparición.
Casi tres décadas después, los resultados no admiten comparación. El Villarreal CF es campeón de Europa, ha disputado dos semifinales de la Champions League y opera con un presupuesto récord de 215 millones de euros. El Hércules de Alicante —club con 20 temporadas en Primera División y uno de los clubs históricos del fútbol español— milita en Primera Federación, la tercera categoría, arrastrando años de deudas, concursos de acreedores y proyectos que nunca llegaron a materializarse.
Lo que sigue no es un análisis de resultados deportivos. Es un análisis de decisiones. Concretamente, de tres tipos de decisiones que determinan si un club crece o se estanca: la inversión en infraestructura, el desarrollo de la cantera y la capacidad de anteponer la entidad al ego del propietario.
El punto de partida: el Hércules tenía más
Conviene establecer esto con claridad, porque suele pasarse por alto: cuando Ortiz llegó al Hércules en 1999, el club tenía objetivamente más recursos potenciales que el Villarreal de Roig en 1997.
Alicante es una capital de provincia con más de 330.000 habitantes. Vila-real tiene poco más de 50.000. El Estadio José Rico Pérez, con capacidad para casi 30.000 espectadores, era una instalación de primer nivel construida en 1974. El Villarreal operaba en un estadio con localidades de pie para 7.500 personas. La masa social herculana era históricamente superior. El Hércules era, en 1999, el segundo club por historia de la Comunidad Valenciana, solo por detrás del Valencia CF.
Roig empezaba desde una posición estructuralmente más débil. Y aun así, tomó decisiones radicalmente distintas.
La primera gran diferencia: construir antes que fichar
Roig llegó al Villarreal con una prioridad que no era llenar el estadio de estrellas. Era construir la base material que permitiera competir durante décadas.
En 1998, apenas un año después de su llegada, inició los trabajos de lo que sería la Ciudad Deportiva Miralcamp, inaugurada en 2002. No era un campo de entrenamiento improvisado: era una apuesta explícita por tener cantera propia, instalaciones propias y un modelo de desarrollo de jugadores integrado. Años después, en 2013, Roig hizo algo que dice mucho de su carácter: le puso el nombre de su vicepresidente, José Manuel Llaneza, a esa ciudad deportiva. En vida. Llaneza llevaba desde 1997 construyendo el proyecto en silencio, sin protagonismo público, sin nombre en los titulares. Roig decidió que eso merecía reconocimiento institucional.
Ese gesto no es menor. Refleja una forma de entender la gestión: los proyectos que duran los construyen personas, no un solo hombre, y reconocer a esas personas es parte de lo que hace que quieran seguir.
El Estadio de la Cerámica —antes El Madrigal— pasó de 7.500 plazas sin cubrir a más de 23.500 asientos completamente techados mediante sucesivas ampliaciones planificadas y financiadas por el propio club. La reforma de 2022, de 35 millones de euros, incluyó el cierre del anillo del estadio, nueva cubierta y paneles solares fotovoltaicos. Cada euro invertido en ladrillo fue también un argumento para que el siguiente jugador, el siguiente patrocinador y el siguiente abonado tomara una decisión favorable al club.
En el Hércules, el esquema fue el inverso. El estadio Rico Pérez —el activo más valioso del club, heredado de una época anterior— no recibió una inversión estructural equivalente a su potencial. Más relevante aún: el club llegó a perder su propiedad. El Rico Pérez fue cedido al Ayuntamiento de Alicante por problemas financieros, recuperado en 2006, y posteriormente embargado y adquirido por la Generalitat Valenciana a través del Institut Valencià de Finances en 2017. Hoy, el Hércules no es dueño de su estadio. Juega en casa de otro.
La ciudad deportiva prometida por Ortiz en distintas ocasiones a lo largo de sus más de veinte años al frente del club nunca llegó a construirse.
La cantera: el activo que crece solo si se riega
La Ciudad Deportiva José Manuel Llaneza no fue solo un gesto simbólico. Fue la inversión que hizo posible la mayor fuente de ingresos del Villarreal en los últimos quince años: la cantera.
De las instalaciones de Llaneza han salido, entre otros, Rodri Hernández —Balón de Oro 2024—, Gerard Moreno, Pau Torres, Yeremy Pino, Álex Baena, Samu Chukwueze, Filip Jørgensen, Borja Iglesias y Nicolas Jackson. Muchos de ellos han sido vendidos por entre 20 y 42 millones de euros, generando plusvalías que han financiado la siguiente generación de fichajes y han mantenido el equilibrio económico del club en temporadas sin Europa o con resultados discretos.
Esta es la estrategia de erizo del Villarreal: hacer una sola cosa mejor que nadie en su escala. No intentar competir con el Real Madrid en el mercado de fichajes. No perseguir estrellas para llenar portadas. Desarrollar jugadores, venderlos bien y reinvertir. Ese ciclo, repetido durante dos décadas, ha generado un club con presupuesto récord de 215 millones de euros, cero concursos de acreedores y dos semifinales de Champions.
El Hércules apostó repetidamente por el modelo contrario: fichajes de renombre para generar ilusión en momentos de presión. David Trezeguet llegó libre de la Juventus. Royston Drenthe llegó cedido del Real Madrid. Nelson Valdez firmó desde el Borussia Dortmund. La plantilla de 2010-11 fue la más cara y mediática de la historia del club. El equipo ganó en el Camp Nou en la segunda jornada de Liga, en uno de los resultados más sorprendentes de la historia reciente del fútbol español.
Y descendió ese mismo año. Los jugadores dejaron de cobrar. Enrique Ortiz no respondió a las demandas económicas del vestuario con la misma celeridad con la que había prometido fichajes. La afición llegó a concentrarse contra él frente al estadio. El descenso fue el inicio de una caída que llevó al club, en doce años, de Primera División a la cuarta categoría del fútbol español.
No hubo cantera que amortiguara el golpe. No hubo plusvalías que refinanciaran el proyecto. No hubo ciudad deportiva donde los jugadores formados en casa pudieran haberse convertido en el activo que le faltó al club cuando más lo necesitaba.
La persona por encima del cargo: el contraste más revelador
Hay un principio en la gestión de organizaciones excelentes que es difícil de imitar precisamente porque exige lo contrario de lo que el ego natural de cualquier persona en el poder tiende a hacer: poner la institución por encima del reconocimiento personal.
Roig lo demostró de varias formas. La más visible fue darle el nombre de Llaneza a la ciudad deportiva. Pero el gesto más estructural fue mantenerlo en el cargo durante 25 años, en silencio, sin intentar acaparar el protagonismo de cada decisión. Llaneza fue el artífice de la política de fichajes, del modelo de cantera y de buena parte de la estrategia deportiva del Villarreal. Murió en enero de 2022, siendo vicepresidente, con el nombre de la ciudad deportiva grabado en la fachada. Roig habló de él en la rueda de prensa posterior como del hombre que más había hecho por el Villarreal. No como un empleado leal, sino como un co-constructor del proyecto.
En el Hércules, el patrón fue diferente. Bajo el mandato de Enrique Ortiz desde 1999, el club ha tenido siete presidentes distintos —el primero fue José Enrique Carratalá— <!– VERIFICAR: naturaleza exacta de la relación entre Enrique Ortiz y José Enrique Carratalá antes de publicar –> y una rotación de entrenadores que supera los veinte técnicos en veinticinco años. La inestabilidad institucional no fue consecuencia de mala suerte: fue el reflejo de una estructura en la que las decisiones dependían del criterio o motivación del máximo accionista en cada momento, sin una dirección deportiva con continuidad real ni un proyecto que sobreviviera a los resultados de la jornada anterior.
Esa inestabilidad tiene un coste invisible pero enorme: destruye el conocimiento acumulado. Cada entrenador que llega empieza desde cero. Cada director deportivo que entra trae su red de contactos y la impone sobre la del anterior. Los jugadores de la cantera no saben a quién deben convencer para tener oportunidades. Los patrocinadores no saben con quién hablar el año siguiente. Y la afición aprende, con el tiempo, a no creer en los anuncios.
Los números
<table> <thead> <tr> <th>Indicador</th> <th>Villarreal CF (Roig, desde 1997)</th> <th>Hércules CF (Ortiz, desde 1999)</th> </tr> </thead> <tbody> <tr> <td>Categoría actual (2024-25)</td> <td>Primera División (LaLiga)</td> <td>Primera Federación (3.ª categoría)</td> </tr> <tr> <td>Temporadas en Primera División desde 1999</td> <td>+20 temporadas</td> <td>1 temporada (2010-11)</td> </tr> <tr> <td>Mejor resultado europeo</td> <td>Campeón Europa League (2021); 2 semifinales Champions (2006 y 2022)</td> <td>Sin participación europea</td> </tr> <tr> <td>Presupuesto actual</td> <td>215 M€ (récord histórico del club)</td> <td>Sin cifras públicas; escala de tercera categoría</td> </tr> <tr> <td>Procesos concursales</td> <td>0</td> <td>3</td> </tr> <tr> <td>Propiedad del estadio</td> <td>Estadio de la Cerámica: propiedad del club, 23.500 plazas</td> <td>Rico Pérez: propiedad de la Generalitat Valenciana, 29.500 plazas</td> </tr> <tr> <td>Ciudad deportiva propia</td> <td>Sí (Ciudad Dep. José Manuel Llaneza, operativa desde 2002)</td> <td>No (proyectos anunciados, no ejecutados)</td> </tr> <tr> <td>Jugadores de cantera vendidos por +20 M€</td> <td>Varios (Baena 42 M€, Jackson 37 M€, Pau Torres 33 M€, Pino 30 M€…)</td> <td>Ninguno en ese rango <!– VERIFICAR –></td> </tr> <tr> <td>Estabilidad en dirección deportiva</td> <td>Llaneza: 25 años en el cargo (1997-2022)</td> <td>Más de 7 presidentes y rotación alta de dirección deportiva</td> </tr> <tr> <td>Descensos de categoría</td> <td>1 (2011-12, recuperado al año siguiente)</td> <td>4 descensos o pérdidas de categoría desde 2011</td> </tr> </tbody> </table>
| Indicador | Villarreal CF (Roig, desde 1997) | Hércules CF (Ortiz, desde 1999) |
|---|---|---|
| Categoría actual (2024-25) | Primera División (LaLiga) | Primera Federación (3.ª categoría) |
| Temporadas en Primera División desde 1999 | +20 temporadas | 1 temporada (2010-11) |
| Mejor resultado europeo | Campeón Europa League (2021); 2 semifinales Champions (2006 y 2022) | Sin participación europea |
| Presupuesto actual | 215 M€ (récord histórico del club) | Sin cifras públicas; escala de tercera categoría |
| Procesos concursales | 0 | 3 |
| Propiedad del estadio | Estadio de la Cerámica: propiedad del club, 23.500 plazas | Rico Pérez: propiedad de la Generalitat Valenciana, 29.500 plazas |
| Ciudad deportiva propia | Sí (Ciudad Dep. José Manuel Llaneza, operativa desde 2002) | No (proyectos anunciados, no ejecutados) |
| Jugadores de cantera vendidos por +20 M€ | Varios (Baena 42 M€, Jackson 37 M€, Pau Torres 33 M€, Pino 30 M€…) | Ninguno en ese rango |
| Estabilidad en dirección deportiva | Llaneza: 25 años en el cargo (1997-2022) | Más de 7 presidentes y rotación alta de dirección deportiva |
| Descensos de categoría | 1 (2011-12, recuperado al año siguiente) | 4 descensos o pérdidas de categoría desde 2011 |
José Manuel Llaneza: el hombre que Roig puso por delante de sí mismo
Hay un dato que resume mejor que cualquier estadística la filosofía de Fernando Roig: cuando en 2013 decidió ponerle nombre a la ciudad deportiva que llevaba once años construyendo, no eligió el suyo. Eligió el de José Manuel Llaneza.
Llaneza llegó al Villarreal en mayo de 1994, tres años antes que Roig, de la mano del entonces presidente Pascual Font de Mora. Ejercía como gerente cuando el club era una SAD recién constituida en Segunda División. Fue él quien, ante la enfermedad de Font de Mora, convenció a Roig para hacerse cargo del proyecto en 1997. El constructor valenciano llegó al club porque Llaneza lo trajo.
Roig lo supo desde el principio y actuó en consecuencia: le depositó la misma confianza que Font de Mora, le dio continuidad en el cargo y, con el tiempo, le fue ampliando responsabilidades. Gerente, consejero delegado, vicepresidente. Veintiocho años en el club, hasta su fallecimiento en enero de 2022. Nunca fue el nombre que aparecía en los titulares. Era el nombre que aparecía en los contratos, en los proyectos de obra, en las negociaciones con los agentes.
Bajo su dirección se profesionalizó la estructura interna del club, se acometieron las sucesivas reformas del Estadio de la Cerámica y se construyó la ciudad deportiva que lleva su nombre: un centro de alto rendimiento con campos de césped natural y artificial, residencia de cantera y capacidad para desarrollar el sistema completo de equipos formativos. Esa infraestructura es la que ha producido a Rodri Hernández, Gerard Moreno, Pau Torres, Álex Baena o Nicolas Jackson, entre otros. Es decir, la que ha financiado el crecimiento del club durante los últimos quince años.
En 2016 recibió la Insignia de Oro del Villarreal CF. En 2020, la Medalla de Oro de la Federació de Fútbol de la Comunitat Valenciana. En 2022, la Medalla de Oro de la ciudad de Vila-real, pocas semanas antes de morir. La ciudad deportiva ya llevaba su nombre desde 2013.
Roig no esperó a que Llaneza muriera para reconocerle. Lo hizo en vida, cuando todavía podía verlo. Eso también es una decisión de gestión.
Lo que los números no reflejan
Hay algo que no aparece en ninguna tabla y que quizás es lo más importante: la credibilidad.
El Villarreal CF ha construido, a lo largo de casi tres décadas, una reputación de club que cumple lo que anuncia. Cuando Roig prometió ascenso en tres años, tardó uno. Cuando la ciudad deportiva se anunció, se construyó. Cuando Llaneza murió, el nombre ya estaba en la fachada. Esa coherencia entre el anuncio y el hecho es lo que hace que jugadores jóvenes acepten firmar por el Villarreal, que patrocinadores renueven, que abonados de una ciudad de 50.000 habitantes llenen un estadio de 23.500 plazas con regularidad.
El Hércules tiene una afición extraordinaria, una ciudad grande y un estadio histórico. Lo que le ha faltado, durante más de veinticinco años, no es potencial. Es la coherencia entre lo que se promete y lo que se construye.
Esa coherencia no la da el dinero. La da la decisión, tomada antes de que nadie la aplauda, de poner la entidad por encima de cualquier otra consideración.
Artículo actualizado periódicamente. Última revisión: mayo de 2025.

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