Por qué el Hércules CF no progresa: lecciones de clubes históricos que sí lo hicieron
Hay un momento en el que la afición deja de sorprenderse por los fracasos y empieza a hacerse la pregunta de fondo: ¿por qué este club no funciona? No como crítica de vestuario, ni como análisis de una derrota concreta. Sino como diagnóstico estructural. ¿Qué hacen diferente los clubes históricos que sí logran salir del pozo?
El Hércules CF lleva más de una década buscando esa respuesta sin encontrarla. Mientras tanto, otros clubes con historias similares —incluso peores— han ejecutado la reconstrucción con éxito. La comparativa es incómoda, pero necesaria.
El problema del Hércules: inestabilidad crónica en el banquillo
Desde el descenso a Segunda División B en la temporada 2013/14, el Hércules CF ha utilizado 21 entrenadores diferentes. Veintiuno. En once años. El único que logró aguantar dos temporadas completas fue Rubén Torrecilla, que además fue el artífice del ascenso a Primera Federación en 2024.
La rotación no es accidental. Es el síntoma de una forma de gestionar: cada racha negativa activa el botón de expulsión, y el nuevo proyecto comienza de cero. Sin continuidad de idea, sin metodología acumulada, sin identidad de juego que sobreviva a las crisis.
Beto Company, el actual entrenador, renovó hasta 2027 en abril de 2026. Es una señal positiva de estabilidad. Pero tras ese anuncio, el club ya ha dicho adiós, definitivamente al playoff esta temporada.
El caso Real Oviedo: cómo se sale del barro con un plan
El Real Oviedo ofrece el espejo más nítido. Un histórico de Primera División que en 2003 tocó fondo: doble descenso —deportivo y administrativo—, debut en Tercera División con seis puntos de penalización, menos de 4.000 espectadores en el estadio y una ciudad que llegó a fundar un club alternativo.
Lo que siguió fue una reconstrucción por fases, no por impulsos. La afición sostuvo el club con campañas de compra de acciones. En 2012, una ampliación de capital de emergencia salvó la entidad de la desaparición. La entrada del Grupo Carso, liderado por Carlos Slim, estabilizó las finanzas. Y en 2022, el Grupo Pachuca —con experiencia demostrada en ascensos con Pachuca y León en México— tomó el control con un modelo de trabajo claro: profesionalización de la directiva, nuevo director general, ciudad deportiva en construcción y apuesta por un cuerpo técnico con tiempo para trabajar.
El resultado: en la primavera de 2025, el Real Oviedo ascendió a Primera División. Veinticuatro años después de su último partido en la élite.
El paralelismo con el Hércules es directo. Mismo perfil: club histórico, caída traumática, arraigo de afición. La diferencia está en lo que vino después.
Lo que diferencia a los clubes que progresan
El análisis de casos como el Oviedo permite identificar patrones concretos en la gestión deportiva:
1. Continuidad en el banquillo como política, no como excepción
Los clubes que progresan no cambian de entrenador ante cada crisis. Establecen un modelo de juego y le dan tiempo para madurar. La continuidad no garantiza el éxito, pero su ausencia garantiza el estancamiento.
2. Un director deportivo con criterio y autonomía real
La figura del director deportivo es determinante. No como gestor de contratos, sino como arquitecto del proyecto: perfil de jugadores, cantera, filosofía de juego. Cuando esa figura no tiene autonomía real —o cuando los fichajes responden a otro tipo de criterios— el resultado es una plantilla sin coherencia.
3. Proyecto a medio plazo, no parches de mercado
Los clubes que salen del pozo no construyen plantillas para sobrevivir el siguiente mercado. Construyen bloques que comparten identidad durante varias temporadas. Los fichajes tienen sentido dentro de un modelo, no son respuestas de urgencia.
4. Estructura institucional estable
Cambiar de entrenador con frecuencia es el síntoma. La causa suele estar más arriba: en la inestabilidad de la dirección, en la falta de un plan estratégico sostenido, en la ausencia de una hoja de ruta que no dependa del resultado del siguiente partido.
El hastío de la afición: consecuencia, no causa
Hay un factor que complica aún más la reconstrucción en el Hércules y que no aparece en los manuales de gestión deportiva: el desgaste acumulado de una afición que ha visto fracasar demasiados proyectos.
No es que la afición haga mal su papel. Es que once años de frustraciones generan un clima de desconfianza estructural que afecta a todo: al abono, a la asistencia, a la percepción pública del club, y en última instancia a la capacidad del proyecto para sostenerse cuando llegan las primeras dificultades.
Los clubes que han logrado reconstruirse —el Oviedo es el ejemplo más claro— lo hicieron también porque mantuvieron o recuperaron el vínculo emocional con su afición. No con gestos vacíos, sino con resultados concretos y con una gestión que transmitía credibilidad. Cuando la afición cree en el proyecto, aguanta las rachas malas. Cuando no cree, cualquier crisis se amplifica.
En el Hércules, ese capital de confianza lleva años erosionándose. Y reconstruirlo es tan urgente como fichar bien en el próximo mercado.
La afición no tiene por qué saber qué fichajes hacer, qué modelo de juego implantar
ni cómo negociar con el IVF la reforma del estadio. Eso es exactamente para lo que
existe una propiedad y un equipo de profesionales al frente del club. Lo que sí puede
exigir la afición —y lo que lleva años exigiendo sin respuesta— es que ese trabajo
se haga bien.
Promesas sin cumplir: el estadio y la ciudad deportiva
El desgaste de la afición no es abstracto. Tiene fechas y nombres concretos.
El 7 de agosto de 2025, el Hércules y el Instituto Valenciano de Finanzas —propietario del Rico Pérez desde una subasta en 2017— anunciaron mediante comunicado oficial que acometerían obras de urgencia en el estadio antes del inicio de la temporada 2025-2026. La afición llevaba semanas denunciando el estado del recinto: butacas deterioradas, suciedad acumulada, malos olores, plagas de avispas y presencia de ratas en las gradas. El anuncio llegó como respuesta a esa presión. Las obras nunca se realizaron.
Dos meses después, el 13 de octubre de 2025, el alcalde de Alicante Luis Barcala anunciaba en el Debate sobre el Estado de la Ciudad que el Ayuntamiento mantenía «conversaciones muy avanzadas» con el Hércules para construir una ciudad deportiva de 120.000 metros cuadrados en el entorno de Montemar, en la Albufereta. El proyecto incluía miniestadio con capacidad para 3.000 espectadores, campos de fútbol, piscina cubierta y gimnasio. Una infraestructura que el club lleva décadas sin tener.
Lo que no se mencionó en el anuncio —aunque sí señaló la oposición municipal— es que los terrenos estaban calificados como suelo rústico y requerían recalificación urbanística. A abril de 2026, no hay noticias del proyecto ni actividad visible en la parcela.
Dos promesas en tres meses. Ninguna ejecutada. Es el patrón que explica, mejor que cualquier análisis, por qué la desconfianza de la afición herculana no es irracional: es la respuesta lógica a una historia que se repite.
A ese contexto se suma otro episodio que sacudió al herculanismo en febrero de 2026. El 15 de febrero, día del partido contra el Antequera, agentes de policía identificaron a miembros de la grada de animación antes del encuentro. Esa misma jornada estaba convocada una protesta de la afición contra la propiedad del club en Puerta 0. Al día siguiente, el 16 de febrero, la Curva Sur publicó un comunicado oficial anunciando que
dejaba de estar presente en la grada de animación del Rico Pérez y cesaba la animación. Desde entonces, el estadio lleva meses sin grada de animación. La situación sigue sin resolverse.
La pregunta que queda abierta
El Hércules CF tiene masa social, estadio que utiliza desde hace décadas, historia y una ciudad que sigue ahí. Los ingredientes son los mismos que tenían otros clubes que lograron la reconstrucción.
Lo que falta no es difícil de nombrar: un proyecto deportivo real, con continuidad, con criterio y con los responsables correctos para ejecutarlo.
Mientras eso no llegue, la pregunta de la afición seguirá siendo la misma temporada tras temporada.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos entrenadores ha tenido el Hércules CF desde su descenso a Segunda B?
Desde la temporada 2013/14, el Hércules CF ha tenido 21 entrenadores diferentes. Es uno de los datos más reveladores de la inestabilidad que ha caracterizado al club en la última década.
¿Qué hizo el Real Oviedo para volver a Primera División?
El Real Oviedo combinó el respaldo de su afición, la entrada de inversores estructurados (Grupo Carso y posteriormente Grupo Pachuca) y una apuesta por la estabilidad institucional y deportiva. En 2025 ascendió a Primera División por primera vez en 24 años.
¿Qué tienen en común el Hércules CF y el Real Oviedo?
Ambos son clubes históricos del fútbol español con presencia en Primera División en el pasado, una afición fiel y una caída traumática a las categorías inferiores. La diferencia reside en cómo han gestionado la reconstrucción.
¿En qué estado se encuentra el estadio José Rico Pérez?
El Rico Pérez, propiedad del Instituto Valenciano de Finanzas desde 2017, acumula años de deterioro. En agosto de 2025 se anunciaron obras de urgencia que nunca llegaron a ejecutarse. La reforma en profundidad del recinto sigue siendo una demanda histórica del herculanismo sin respuesta concreta.
¿Qué es lo que más daña la progresión deportiva de un club en categorías inferiores?
La inestabilidad en el banquillo, la falta de un proyecto deportivo coherente a medio plazo y la ausencia de un director deportivo con autonomía real son los factores más recurrentes en los clubes que no logran salir de las categorías de la zona de tierra de nadie del fútbol español.

Alicante Deportiva es un medio local dedicado a la actualidad y promoción del deporte de Alicante. Síguenos en Twitter/X: @AlicanteDeport2
