Jugadores A en el Hércules CF: la filosofía de Steve Jobs aplicada al fútbol

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Steve Jobs no era entrenador de fútbol. Pero su obsesión con construir equipos de primer nivel tiene más que ver con el deporte que con la tecnología. Jobs dividía a las personas en tres categorías: jugadores A, B y C. Y tenía una convicción que muy pocos directores deportivos se atreven a aplicar con coherencia: no basta con tener algunos jugadores A. Hay que intentar construir un equipo completo de jugadores A.

¿Cuántos tiene el Hércules CF? ¿Y cuántos necesita?


Qué es un jugador A — y por qué Jobs no toleraba a los B

Un jugador A no es simplemente el más caro o el más conocido. Es el que combina talento, actitud y rendimiento constante. Es el que eleva el estándar a su alrededor. El que marca el nivel en los entrenamientos, el que es honesto consigo mismo y con el equipo, el que no se conforma con el mínimo aunque el partido ya esté decidido.

Jobs era muy explícito en algo que resulta incómodo: no solo hay que evitar a los jugadores C. Hay que evitar también a los jugadores B. No los toleraba. Decía que los jugadores A solo quieren trabajar con otros jugadores A, y que la entrada de demasiados B termina degradando el estándar de todo el conjunto. Los B atraen a más B, y de repente, sin que nadie lo haya decidido conscientemente, aparecen los C. Jobs llamaba a este fenómeno «la explosión bozo»: la mediocridad se contagia.

Para un club como el Hércules, en la tercera categoría del fútbol español —una categoría que históricamente no le corresponde— el listón debería ser alto. Si el objetivo es recuperar el nivel que este club ha tenido, la aspiración tiene que ser la misma que tenía Jobs con el equipo del Macintosh: intentar construir un equipo completo de jugadores A.


El factor Wozniak: la diferencia entre el mejor y la media no es lineal

Hay un pasaje especialmente revelador en la biografía de Jobs escrita por Walter Isaacson. Hablando de Steve Wozniak, su socio fundador de Apple, Jobs decía que era cincuenta veces mejor que el ingeniero típico.

Esto no es un detalle menor. La mayoría de los campos tienen una curva relativamente plana entre los mejores y la media. El mejor vuelo de tu vida puede ser un treinta por ciento mejor que uno mediocre. La mejor comida de tu vida, también.

Pero en tecnología —y Jobs lo veía claramente— la diferencia entre el mejor y la media es de otro orden de magnitud. El mejor programador puede ser cincuenta veces más productivo que uno competente. No un treinta por ciento. Cincuenta veces.

En el fútbol ocurre algo parecido. La diferencia entre un mediocampista que entiende el juego antes de que ocurra y uno que simplemente corre y ocupa una posición no es lineal. El primero transforma al equipo. El segundo lo limita. Y cuando ese jugador excepcional está en un contexto donde nadie entiende sus pases o no se puede fiar de los que le rodean, su impacto se reduce drásticamente.


Los jugadores A del Hércules actual (opinión personal)

Esta es una valoración subjetiva, basada en lo que se puede observar desde fuera: rendimiento en el campo, actitud visible, aportación al juego colectivo. Es simplemente nuestra opinión.

En la plantilla actual del Hércules, los jugadores que a nuestro juicio demuestran un nivel A son cuatro:

Oriol Soldevila es, probablemente, el mejor ejemplo de lo que significa ser un jugador A en este equipo. Su rendimiento y actitud antes de la lesión de larga duración que actualmente le mantiene apartado eran los de alguien que marca la diferencia. Su ausencia es, en sí misma, una señal de hasta qué punto importa tener jugadores de ese nivel: cuando no están, el equipo lo acusa.

Mehdi Puch llegó de la Segunda División francesa y desde el primer momento dejó claro que pertenece a otra categoría. Tiene la capacidad de hacer cosas que el resto no puede hacer. Sin embargo, últimamente no está destacando tanto, y hay una razón que encaja perfectamente con la teoría de Jobs: para que un jugador A rinda al máximo, necesita confiar en sus compañeros. Necesita saber que cuando va a pasar el balón, el compañero va a ver la jugada, va a entender la intención, no va a perder el balón. Cuando ese contexto no existe, el jugador A se frena, juega sobre seguro, deja de intentar las cosas que le hacen especial, o incluso duda y comete errores. El descenso de rendimiento de Puch podría ser, precisamente, el efecto que Jobs describía.

Carlos Abad y Sandro Blazic, los dos porteros. En una posición donde la honestidad, la concentración y el nivel constante son más visibles que en ninguna otra, ambos demuestran esa combinación de actitud y rendimiento que define a un jugador A.

Más allá de estos cuatro, preferimos no hacer clasificaciones públicas. Señalar explícitamente a jugadores como B o C no aporta nada constructivo y puede ser injusto con jugadores que atraviesan una mala racha o que rinden por debajo de sus posibilidades por razones ajenas a ellos. Lo relevante es el análisis colectivo.


La colaboración como parte del sistema: lo que Jobs añadía al talento

Jobs no se limitaba a fichar a los mejores de forma individual. Tenía otra idea fundamental: la colaboración y la integración. Lo llamaba «ingeniería concurrente» o «colaboración profunda». En Apple, los distintos departamentos —ingeniería, diseño, fabricación, marketing— no trabajaban en silos que se pasaban el trabajo de uno a otro. Trabajaban juntos, al mismo tiempo, con visión compartida.

Y eso se trasladaba también al proceso de selección. Cuando contrataba a alguien, Jobs no dejaba que solo el departamento implicado evaluara al candidato. Lo hacía pasar por los líderes clave de toda la compañía. «Luego nos reunimos sin el candidato y hablamos de si encajará», explicaba. No buscaba solo talento individual. Buscaba personas que pudieran integrarse y colaborar con otros jugadores A.

En el fútbol, esto tiene una traducción directa. Una plantilla de jugadores A individuales que no conectan entre sí no es un equipo de jugadores A. Es una colección de talentos que no se potencian mutuamente. El proceso de construcción de plantilla debería incluir no solo la valoración individual de cada jugador, sino su capacidad de integrarse en un sistema colectivo donde todos se exigen y confían entre sí.


La pregunta que nadie hace en voz alta: ¿y la dirección deportiva?

Jobs aplicaba la exigencia de los jugadores A a toda la organización. No solo al equipo que estaba en el escenario. También a los que tomaban las decisiones detrás.

El Hércules CF tiene una dirección deportiva que incluye, entre otros, a Paco Peña como director deportivo y a Javier Portillo. Y aquí es donde el análisis se vuelve más interesante, y más incómodo.

Dejamos estas preguntas abiertas para el debate. No son retóricas: son preguntas que tienen respuesta, aunque esa respuesta depende de información que el aficionado no siempre tiene:

  • ¿La dirección deportiva tiene un equipo de jugadores A? ¿Director deportivo, secretario técnico, analista de datos?
  • ¿Paco Peña es un director deportivo de nivel A en este contexto?
  • ¿Javier Portillo?
  • ¿Falta alguien en esa estructura para completarla y hacerla realmente competitiva?
  • ¿Y los miembros de la directiva? ¿Son jugadores A en sus respectivos roles?
  • Y la más directa de todas: ¿quiénes son, en tu opinión, los jugadores A, B y C de la actual plantilla?

Una plantilla en Primera Federación con mentalidad de Segunda División

El Hércules lleva dos temporadas en Primera Federación. Para un club de su historia —20 temporadas en Primera División, tres campeonatos de Segunda— esta categoría no es el destino. Es un paso obligado en el camino de vuelta.

Pero hay una trampa en la que caen muchos clubes en situaciones similares: adaptar las ambiciones a la categoría en lugar de adaptar la categoría a las ambiciones. Construir plantillas «para sobrevivir en Primera Federación» en lugar de plantillas «para dominar Primera Federación y ascender».

Jobs nunca construyó Apple «para competir en el mercado de ordenadores personales». La construyó para cambiar la industria. La diferencia de mentalidad no es semántica. Determina cada decisión, desde qué jugadores fichas hasta qué tolerás en el vestuario.

Si el Hércules quiere volver donde le corresponde, la pregunta no es cuándo tendrá dinero suficiente. La pregunta es si tiene ya el estándar interno necesario para que los jugadores A quieran venir y, sobre todo, para que quieran quedarse.


Preguntas frecuentes

¿Qué es un jugador A según Steve Jobs? Un jugador A es un profesional que combina talento de primer nivel con actitud, honestidad y rendimiento constante. Para Jobs, lo importante no era solo la habilidad técnica sino la capacidad de elevar el estándar a su alrededor y de trabajar en colaboración con otros jugadores A.

¿Por qué Jobs no toleraba a los jugadores B? Porque los jugadores B atraen a más jugadores B, y eso degrada progresivamente el nivel del conjunto. Jobs creía que la única forma de mantener un equipo de jugadores A es no hacer concesiones: cada entrada de un B es el principio de un proceso de degradación.

¿Qué tiene que ver la teoría Wozniak con el fútbol? Jobs señalaba que en tecnología, la diferencia entre el mejor y la media puede ser cincuenta veces mayor que en otros campos. En el fútbol ocurre algo similar: la diferencia entre un jugador excepcional y uno competente no es lineal. El mejor puede transformar a un equipo; el competente simplemente lo ocupa.

¿Por qué un jugador A puede rendir por debajo de su nivel? Según la lógica de Jobs, un jugador A necesita un entorno de confianza para rendir al máximo. Si no puede confiar en que sus compañeros van a entender sus movimientos y decisiones, tenderá a simplificar su juego. El contexto colectivo determina lo que el talento individual puede expresar.

¿Se aplica la exigencia de los jugadores A solo a la plantilla? No. Jobs la aplicaba a toda la organización. En el contexto del Hércules, eso incluye a la dirección deportiva, la secretaría técnica, el cuerpo técnico y la propia directiva. Un club de nivel A necesita una estructura de nivel A en todos sus estamentos.


Artículo elaborado por Alicante Deportiva. Las valoraciones sobre jugadores concretos son opinión editorial.