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En ciclismo, la “zona valle” es ese tramo entre montañas donde el corredor recupera, respira y se prepara para lo que viene. Un lugar donde no se gana la etapa, pero donde sí puedes perderla si te despistas.

El Hércules ha convertido ese valle en un problema estructural.

Porque, siguiendo el paralelismo, esos partidos ante rivales teóricamente inferiores —equipos que no pelean por lo mismo o que bastante tienen con sobrevivir en la categoría — deberían ser terreno fértil para sumar. Pero no lo son. Nunca lo son.

Y ahí es donde el equipo ha vuelto a fallar.

No hace falta rebuscar demasiado: Betis Deportivo, Sevilla Atlético, Atlético Sanluqueño o SD Tarazona. Rivales ante los que no has sido capaz de hacer un pleno de puntos. Rivales que, a estas alturas, no deberían marcar tu techo… pero sí están marcando tus carencias.

Porque esto ya no es casualidad. Es tendencia.

El Hércules vive instalado en la contradicción permanente. Es capaz de competir contra equipos superiores, de ganar partidos de mérito, de ilusionar… y, acto seguido, tirar por la borda ese crédito ante conjuntos mucho más limitados. Un equipo bipolar, imprevisible, pero no en el buen sentido.

Y así es imposible construir nada serio.

Luego están las matemáticas, ese refugio al que se recurre cuando el fútbol no da argumentos. Quedan 27 puntos en juego. Y sí, las cuentas de otras temporadas dicen que con 21 podría bastar para meterse en playoff.

Pero las matemáticas no juegan.

Y este equipo, a día de hoy, no ha demostrado ser capaz ni siquiera de encadenar dos victorias consecutivas en toda la temporada. Pretender ahora un sprint casi perfecto suena más a acto de fe que a análisis realista.

Así que la pregunta no es si dan los números.

La pregunta es: ¿da el equipo?

El creyente mirará la clasificación y verá una puerta entreabierta.

El incrédulo mirará el césped y verá siempre lo mismo.

Y lo preocupante no es elegir entre una postura u otra.

Lo preocupante es que, a estas alturas, el Hércules siga siendo incapaz de demostrar cuál de las dos tiene razón.

Y asi seguimos.

Entre la fe y la duda.

Entre el valle… y la montaña.