Giuliano: carácter, liderazgo y nueve temporadas de gloria en el Hércules
▌ LEYENDAS DEL RICO PÉREZ
Carmelo Héctor Giuliano González, el líbero argentino que llegó con 23 años desde Independiente de Avellaneda y se convirtió en uno de los cinco mejores jugadores de la historia del Hércules CF
FICHA DEL JUGADOR
Nombre completo: Carmelo Héctor Giuliano González
Apodo: «El Pocho»
Nacimiento: 14 de junio de 1951, Avellaneda (Argentina)
Posición: Defensa central / Líbero
Temporadas en el Hércules: 1974/75 – 1982/83 (9 temporadas)
Partidos disputados (top 5 ligas): 209 | Goles: 14 | Porterías a cero: 75
Un fichaje a las cuatro de la madrugada
El verano de 1974 trajo a Alicante una historia digna de novela. Un directivo del Hércules, Manolo Calvo, recorría de madrugada los pasillos de un hotel de Elche con 250.000 pesetas recién reunidas, buscando a la desesperada una máquina de escribir para formalizar el contrato. Al otro lado de la mesa aguardaban dos enviados del Club Atlético Independiente de Avellaneda, impacientes por regresar a Argentina. El jugador que daba sentido a toda aquella urgencia era un joven central de 23 años llamado Carmelo Héctor Giuliano González, apodado «el Pocho». Así arrancó uno de los capítulos más hermosos de la historia herculana.
Giuliano no llegó por casualidad. Fue el propio portero internacional argentino Miguel Ángel Santoro, ya vinculado al club blanquiazul, quien recomendó a los dirigentes alicantinos que se fijaran en aquel defensa de Avellaneda. La apuesta no pudo ser más acertada.
De los potreros de Avellaneda al Bernabéu
Carmelo Héctor Giuliano nació el 14 de junio de 1951 en Avellaneda, la ciudad obrera del Gran Buenos Aires que vio nacer también al Club Atlético Independiente y al Racing. Comenzó dando patadas a un balón en el equipo de su barrio y, poco a poco, fue ascendiendo en la cantera roja hasta convertirse en profesional a los 21 años. Con el Independiente, el club de los «diablos rojos», vivió uno de los momentos más gloriosos del fútbol sudamericano: la conquista de la Copa Intercontinental de 1973, venciendo al Juventus de Turín. Giuliano era ya, con apenas veintidós años, campeón del mundo de clubes.
Su debut con la camiseta blanquiazul no pudo ser más exigente: el 14 de septiembre de 1974, en el Santiago Bernabéu, ante el Real Madrid, en Primera División. Para muchos jugadores ese escenario habría supuesto un bautismo de fuego. Para el «Pocho», fue simplemente el comienzo.
«Fue un honor jugar en el Hércules. Al llegar al aeropuerto, un operario me dijo ‘son muy malos’. Era del Elche y le emplacé al derbi. Ganamos 0-1 y no le volví a ver.»
— Carmelo Héctor Giuliano
El alma de la época dorada
La primera temporada de Giuliano en Alicante fue una declaración de intenciones. El Hércules de José Rico Pérez y el técnico Arsenio Iglesias cerró aquel 1974/75 en una histórica quinta posición en Primera División, la mejor clasificación jamás lograda por el club. No tardó en renovar por cuatro años. La siguiente temporada el equipo terminó sexto, igualando otra vez cotas inéditas. El «Pocho» era ya el eje vertebrador de aquella zaga que aterrorizaba a los delanteros de media España junto a figuras como Cacho Saccardi, Amador y Kustudić.
Su rendimiento fue tan sobresaliente que César Luis Menotti, seleccionador de Argentina y futuro campeón del mundo en el 78, llegó a convocarlo para la Albiceleste, entonces en plena preparación para el Mundial que se celebraría en su tierra. Los medios nacionales lo eligieron en varias ocasiones como el jugador más regular de una liga en la que brillaban Cruyff, Kempes, Neeskens, Breitner o Asensi. El Hércules encadenó ocho temporadas consecutivas en Primera División, y Giuliano estuvo en todas ellas.
Duro pero justo: el líder que educaba con un grito
Quienes le conocieron dentro del terreno de juego coinciden en un retrato inequívoco: un hombre duro, competitivo, incapaz de aceptar la derrota, pero que ponía al equipo siempre por delante. Juan Antonio Carcelén, compañero suyo en aquellos años de gloria, lo describió como uno de los cinco mejores jugadores de toda la historia del club: «Era un hombre duro en el campo, jamás le faltó carácter. Cuando nos pegaba un grito a los que éramos más jóvenes, sabíamos que era por nuestro bien». El tipo de líder, en definitiva, que todos los vestuarios necesitan y tan pocos tienen.
La noche que le rompieron la rodilla y la carrera
El fútbol, tan generoso en momentos de gloria, también puede ser cruel. En la Copa del Rey de la temporada 1980/81, el Hércules se enfrentaba al Cartagena FC en la segunda eliminatoria. Tras perder 3-0 en la ida, el equipo alicantino necesitaba un milagro en casa. Y lo fabricó: el marcador llegó a 3-0 en el Rico Pérez —dos de los goles los firmó el propio Giuliano, de 29 años y en plena madurez deportiva— y el equipo se clasificó en la tanda de penaltis.
Pero en aquella noche de épica, una entrada del lateral diestro del Cartagena, Pedro Arango, hizo un daño irreparable. La rodilla derecha de Giuliano quedó destrozada. La lesión, grave, interrumpió lo que podría haber sido aún la mejor etapa de su carrera. Después de nueve temporadas, más de doscientos partidos oficiales en las mejores ligas del mundo y una legión de seguidores blanquiazules rendidos a sus pies, el «Pocho» colgaba las botas antes de tiempo.
Del césped a los micrófonos: siempre herculano
Lejos de abandonar el mundo del fútbol, Giuliano siguió vinculado al Hércules como director deportivo tras su retirada. Años después, en 2007, el club volvió a reclamar su presencia para hacerse cargo de la secretaría técnica y la gestión de la cantera, labor que ejerció durante algo más de dos años. Cuando el club prescindió de sus servicios sin explicación alguna, el «Pocho» no amargó su vínculo con Alicante: a partir de 2013 colaboró de forma desinteresada con la sección de fútbol del CD San Blas, aportando su experiencia a las generaciones más jóvenes.
Su voz, en cambio, nunca se apagó. Durante décadas ha sido comentarista deportivo en radio y televisión, analizando el fútbol con la misma claridad y autoridad que le caracterizaban dentro del campo. Alicante lo adoptó como suyo hace más de cincuenta años, y él devolvió ese cariño con creces.
Un nombre que merece una calle
En noviembre de 2017, la Asociación Herculanos organizó un emotivo homenaje en el restaurante El Castell de Alicante, con más de cuarenta aficionados blanquiazules y sus excompañeros Pascual Luna Parra y Juan Antonio Carcelén. Giuliano recibió una placa conmemorativa entre aplausos y nostalgia. Fue, como destacó el propio Carcelén, «un homenaje en vida», el único que tiene verdadero sentido.
Y no ha sido el único reconocimiento. La propia Asociación Herculanos presentó al Ayuntamiento de Alicante el «Proyecto Callejero Herculano», una iniciativa para que el callejero de la ciudad recoja los nombres de sus figuras deportivas más ilustres. Carmelo Héctor Giuliano figura entre los propuestos, junto a nombres como Ramonzuelo, Arsenio Iglesias o Humberto Núñez. Pocos lo merecerían más.
El Hércules ha dado muchos jugadores al olvido y algunos a la leyenda. Carmelo Héctor Giuliano pertenece sin discusión a los segundos. Llegó de madrugada, entre papeles y pesetas contadas, y se quedó para siempre en la memoria colectiva de una ciudad que lo quiso desde el primer derbi. Él lo sabe. Y lo agradece.

Alicante Deportiva es un medio local dedicado a la actualidad y promoción del deporte de Alicante. Síguenos en Twitter/X: @AlicanteDeport2
