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Si algo dejó claro el último encuentro es que, más allá de Carlos Abad, hay vida en la portería.

La demarcación de guardameta es, probablemente, la más particular dentro de un equipo. Salvo lesión, sanción o circunstancias excepcionales, la continuidad suele ser la norma. Solo las corrientes más modernas apuestan por la rotación bajo palos, una práctica cada vez más visible en el fútbol actual.

Crecer a la sombra de un portero de la talla de Carlos Abad tiene ventajas e inconvenientes. La exigencia es máxima y las oportunidades escasas, pero también supone un aprendizaje constante junto a uno de los referentes de la categoría. Para un joven guardameta, el reto consiste en trabajar en silencio y estar preparado para cuando llegue el momento.

Y ese momento llegó el pasado viernes. El joven portero alemán, con apenas 19 años, mostró personalidad, reflejos y carácter suficientes para defender la meta herculana. Su actuación en Barcelona dejó sensaciones positivas y abre un escenario interesante de cara a las próximas cuatro semanas, el tiempo estimado de baja de Abad tras la apendicitis que lo mantiene fuera de competición.

El mérito no es solo del futbolista. La dirección deportiva y el cuerpo técnico también merecen reconocimiento por detectar, evaluar y confiar en un perfil joven para una posición tan específica y exigente.

Porque sí, más allá de Abad hay vida. Y crecer bajo la sombra de un referente no debilita: fortalece, forma y prepara para asumir responsabilidades cuando el equipo más lo necesita.

Blazic es tu turno.