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Como reza la canción…Algo se muere en el alma cuando un amigo se va.

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Nunca jamás debió haber tenido este final, después de haber resucitado a un gigante dormido y haber enganchado a mucha gente joven al Hércules, cuando lo único que habían visto sus ojos, era ruina y fracasos, temporada tras temporada.

Se va un currante, una persona que se ha dejado absolutamente todo para que el equipo emblema de la ciudad pudiera volver al fútbol profesional, pero que desgraciadamente no ha sabido dar con la tecla, para que un vestuario excesivamente joven, le siguiera en sus ideas y que se involucrara en el tan ansiado segundo ascenso.

En su debe, achacarle su cabezonería a la hora de imponer sus ideas, haciendo caso omiso a los que le rodeaban, sus más allegados en el cuerpo técnico. El salvaguardar a la plantilla, sin ponerles en un brete en más de una situación cuando así lo requería y sobre todo en lo personalista que ha sido en todas y cada una de las decisiones. No ha sabido o no ha querido delegar en nadie, queriendo llevar él, absolutamente todo y eso en el fútbol moderno no es posible y es que como dice el refrán, quien mucho abarca, poco aprieta…

RT será recordado por ser el artífice de ese ascenso tan querido y perseguido.

Jamás de los jamases debió iniciar esta temporada, ya que estaba condenado desde el principio, especialmente por sus enfrentamientos y sus dimes y diretes con la dirección deportiva arrastrados de la temporada anterior, pero el corazón pudo más que la razón y ese fue el inicio del fin.

El adiós de su marcha se ha ejecutado de la manera más triste, por la puerta de atrás, en penumbra, tras un enfado morrocotudo del máximo accionista que no ha tenido ni siquiera el valor de informarle el mismo de que su crédito se había agotado, mandando a su lacayo a que fuera él, el que le transmitiera su despido fulminante. El cabreo, justificado por otra parte, fue debido al enésimo ridículo fuera de casa, con una desidia, pasotismo, indolencia y falta de actitud, que rozó la humillación, a pesar de jugar con un hombre más durante más de 60 minutos.

Desde esta humilde pluma, quiero agradecerte tu trabajo, tu cercanía, tu amor por el club. Pero sobre todo tu entrega, tu dedicación y tu implicación que no se ha visto recompensada como así merecías.

No me cabe duda que vayas donde vayas, te irá bien. Nosotros nos quedamos huérfanos tras tu partida, pero sabemos que al final has descansado, pues era lastimoso para ambas partes.

Si me permites un consejo para el futuro, no confíes en nada más que en tu trabajo, no salvaguardes a nadie y vigila las espaldas.

No te deseo suerte pues no la necesitas, únicamente te deseo trabajo.