lashorasdelmal

“Las horas del mal” son utilizadas como un concepto recurrente en películas y series, como el thriller psicológico La hora del diablo, que narra la historia de una mujer que se despierta cada noche a las 3:33 a.m.

Pues bien, el diablo se nos ha aparecido a todos los socios y aficionados de los equipos de 1ª RFEF, en forma de dirigente que “ha colapsado” a la hora de planificar los horarios de la tercera jornada de liga.

Anteriormente, ya había mostrado “la patita” en los horarios previstos, con días poco futboleros como viernes o lunes y horas tan intempestivas como 12 y 14 horas o incluso las 19:30 de un lunes.

Pero lo sonrojante de la jornada a la que nos referimos es tener que acudir a tu localidad en horarios que rozan la enajenación mental, mediante el clásico abono que has pagado con el sudor de tu frente y que, en ocasiones, para poder acceder a él, te ha llevado a tener que hacer ciertos sacrificios, privándote de determinados caprichos, deseos o hobbys.

La RFEF, que es la que debe velar porque todo funcione de manera correcta, únicamente se preocupará de poner el cazo y recoger la parte proporcional que le toca por ser organizador. No importando los horarios que pone el mayor enemigo del fútbol moderno, que antepone sus intereses personales a los de los asistentes a la jornada in situ.

Las horas del mal, en esta época que nos ha tocado vivir, no son otras que lo que ha planificado la LFP, el director de competiciones de la RFEF o los televisivos que tienen los derechos de TV.

Sea como fuere, lo que está claro es que no nos va a quedar otra que resignarnos y acoplarnos a lo dictaminado por el diablo, si lo que deseamos es ver a nuestro equipo de fútbol.

Atrás queda el poco respeto que se le tiene al socio/abonado de los equipos de esta emergente 1ª RFEF, a los que les brindan horarios infumables, sin posibilidad más allá del derecho al pataleo. Pero poco más.

El diablo ha trabajado durante mucho tiempo en la sombra y ahora recoge sus frutos, demostrando que le importa poco, muy poco, el bienestar y la cultura futbolística de determinadas urbes o pueblos, a los que imponer ciertos horarios puede causar su tumba futbolística.

La de los aficionados la están cavando con este tipo de decisiones.

A joderse toca con los horarios impuestos por el mono con pistolas. El gran perjudicado de no acudir sería el propio equipo, económica y reputacionalmente.

#Odio eterno al fútbol moderno.